domingo, 25 de octubre de 2009

teinta y veinte noches

treinta noches atrás deambulaba perdida en la rutina de siempre, tras las largas botas que disimulan la estatura y el delineador que a la fuerza enmarcan mi única conexión con el resto. Todo era relativo. Como mi afán de ser la primera y humilde a la vez. Nunca lo conseguí.- y no porque se contradicieran,- la segundés la tengo escrita en los dedos, empezando por la guia que me vino primero a través de mi madre, hasta el puesto que he conseguido tras cada calificación de un papel medidor de conocimientos. Por otro lado, nunca tuve nada de que presumir que, al no hacerlo, me hizo humilde. -Todo era relativo-, relativo lo que quería yo de ti. Absoluto lo que tu no querias de mi.
Veinte noches atrás, apesár de saber que hablar de amor no querías tú, bajo la colada luz de tu cortina a media tarde me encontraba, y sobre la dura cama que te hacía único dormía- de pensar que yo siempre duermo con el objetivo de no pensar que andas despierto para no hablarme de amor.- hace 10 noches los besos eran para el raiting de tu autoestima. después de 10 noches recién los recuerdas.- la cama ha de hacerlo-. la cortina y la almohada no se van a las siete:00.
Ya son 10 noches y no me he vuelto a desvelar. la magia, a veces, aumenta años a los días y nos hace viejos- ya debería entonces tener yo 37, pues hace 20 noches que soy un calendario hecho reloj -- tú estás tan joven--
Pero esta noche te he visto viejo- y yo- que ya he decidido no hablarte de amor, no se que hacer.

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